Día 9, en mi barrio

Publicado por

Lena Pettersson

Hoy es día 9; empecé a contar desde 14 el lunes, el primer día de la segunda parte de la cuarentena. Y cuando llegue a 1 no se sabe si lo siguiente será 0, o si habrá que empezar con 14 otra vez.

Empezamos a asumir que no va a haber ninguna vuelta rápida a la “normalidad” (sin entrar ahora en qué se puede considerar normal), pero todavía hay cierta esperanza de que la curva de los contagios del Covid-19 se haya estabilizado lo suficiente para que se puedan empezar a aflojar las restricciones de forma gradual.

Ya sabemos que lo que se intenta hacer en casi todos los países es limitar el crecimiento de los afectados por el virus para que no se colapsen los servicios sanitarios, pero que tendremos que convivir con el virus durante bastante tiempo – hasta que se haya encontrado una vacuna, o hasta que un porcentaje suficiente de la población se haya vuelto inmune por haber superado el contagio.

Seguramente vamos a tener que seguir con una movilidad muy limitada,  con distanciamientos sociales, y con la necesidad de extremar una austeridad que para muchas personas ya era lo acostumbrado pero que para otras es nueva.

Aún así, me pregunto cuánto tiempo se puede mantener la gente encerrada en su casa, sin que afecte demasiado a su salud tanto física como mental. De hecho, parece que dos medidas que el gobierno estudia  son permitir los paseos con los niños y hacer ejercicio en el exterior.

Ojalá estas actividades se permitan pronto – aunque sea que tengamos que salir a los espacios públicos con máscarilla.

…Aunque lo de protegerse con máscarilla no es tan sencillo, como pude comprobar ayer al ir al pueblo a comprar (y ver a las primeras personas en carne y hueso en cinco días). Como en Navaluenga está prohibido salir sin llevar máscarilla, antes de salir del coche me puse la que la Protección Civil había tenido la amabilidad de llevar a mi casa hace unos días.

Otras veces he ido con la cara descubierta, o con un pañuelo atado sobre naríz y boca, procurando guardar las distancias y no tocarme la cara en el rato breve que duraba mi visita al pueblo. Sin embargo, ayer me debo haber tocado la cara casi una decena de veces, al recolocar el trozo de tela que se subía tapándome los ojos. Así que habrá que practicar, y afinar la protección facial.

En este artículo de eldiario.es vienen resumidas las indicaciones para fabricar su propia mascarilla:

https://www.eldiario.es/sociedad/Gobierno-fabricar-propias-mascarillas-artesanales_0_1012799805.html

En el supermercado, había muchas más estanterías vacías que el domingo pasado: ya no se podía comprar el knäckebröd, el pan seco de centeno (de Suecia, mi país de origen) que me suele asegurar el siempre tener algo de pan en casa aunque sólo hago la compra una vez a la semana, en la sección de alimentos para mascotas sólo había unas bolsas pequeñas y muy caras (lo que cuando uno lleva casi un mes sin ingresos, y con dos perros grandes en la familia, es motivo de procupación…), el paquete de arroz que al menos lleva unos granos de arroz integral ya no estaba…

Y eso me recordaba la -muy probable- crisis que nos espera en el futuro, sea por el cambio climático y/o porque el sistema económico global se viene abajo: el no tener suficientes alimentos.

Así que al llegar a casa con un kilo de arroz blanco (de donde gran parte de los nutrientes han sido eliminados), y algunos otros alimentos básicos, lo primero que hice fue mirar la “mini-huerta” que tengo en tiestos colocados en el sitio más abrigado de mi finca, donde están las hortalizas a salvo de ser pisadas o comidas por animales diversos. Me dió alegría ver que las lechugas están en marcha, y que en las habas ya se empiezan a formar las primeras vainas, a la vez que las avispas (con las que mantengo una convivencia en general respetuosa) las estaban limpiando de pulgón…

Y luego me puse a preparar un trocito de tierra, donde plantar cuatro patatas que habían empezado a germinar en el frigorífico.

Por mi barrio hay poco movimiento humano: veo los ganaderos pasar varias veces al día, y de vez en cuando el coche de la guardia civil. Lo que sí hay son muchas aves; hace un par de semanas varios buitres negros en el prado de al lado se dejaban fotografiar (con el zoom) desde la valla de mi jardín:

P1090528P1090544

E insectos hay de todo tipo, como esta variedad de polinizadores que ayer estaban revoloteando en el membrillero ahora floreciendo:

(Algunas) fuentes:

https://www.sciencenews.org/article/covid-19-when-will-coronavirus-pandemic-social-distancing-end

https://www.eldiario.es/sociedad/Epidemiologo-entrevista_0_1011749916.html

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