Historias de la Arrendaja: Creando bosque.

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Aunque la provincia de Ávila sigue perdiendo población, también hay personas que optan por salirse de Madrid o de otras ciudades, para instalarse en lugares donde puedan estar más en contacto con la naturaleza. Cada una de ellas tiene su historia, y sus proyectos. Este es el proyecto de Nuria Ruiz-Vernacci, quien ha venido a vivir en El Tiemblo: crear bosque.

2014-04-28 (5)

Nuria Ruiz-Vernacci

Fue hace muchos años cuando empezó todo. Entonces vivía en Madrid. Por la necesidad de contacto con la naturaleza, aunque ésta fuese domesticada y artificial, la de un parque cercano a mi casa y el imperativo de andar todos los días, me fui aficionando a recoger las bellotas y piñones que encontraba en mi camino. Pista para andar de color verde. Allí nunca crecería ningún árbol. Así que las semillas acababan en mis bolsillos.

Como de vez en cuando venía por el que ahora es mi pueblo de adopción, todos esos tesoros iban encontrando su lugar, ahora sí, en pleno campo. Allí los iba diseminando. Fui viendo que algunos árboles crecían. Qué alegría reencontrarlos cada vez, ver cómo se iban desarrollando, ganando en altura, engrosando su tronco…

El deseo profundo que tenía desde hacía mucho era venirme a vivir aquí. Después de años viviendo en ese deseo, me lie la manta a la cabeza y me instalé con mis útiles de trabajo en este pueblo del Valle del Alberche. Mis caminatas diarias fueron, ya sí, en plena naturaleza, rodeada de un paisaje maravilloso, observando nuestras aves y respirando aire puro.

Llegó el otoño de ese mi primer año y en mis bolsillos se empezaron a amontonar otra vez bellotas, sámaras y semillas de todas clases. Casi todas recogidas en lugares donde se las iban a comer los animales o no iban a crecer, pues eran camino de paso de coches. Amplié mi territorio de crear bosque.

Ese otoño y la siguiente primavera fueron de lluvias y pude ver en poco tiempo pimpollos y arbolillos en lo que antes eran campos baldíos. Mi corazón estaba colmado de alegría.

En los siguientes años, gracias a observar detenidamente, fui aprendiendo cómo obtener mejores resultados. Resulta que cuando enterraba una nuez o una bellota entre zarzas, salía casi seguro. También echar las sámaras de los fresnos entre los juncos fue muy buena idea. En realidad, cualquier semilla entre los juncos, crece. Éstos le dan protección y allí tenemos humedad asegurada.

Algunas bellotas y almendras encontraron un sitio estupendo entre el suelo y las piedras de las viejas vallas que hacen de linde. E inmejorable era esto si hacía lo mismo en la parte baja de las terrazas de piedra. Allí toda la humedad cae de las superiores y aporta lo esencial, ese poquito de agua.

Con las bellotas empecé a utilizar también el método de levantar una piedra de tamaño medio con el pie y en el hueco que la misma piedra había hecho en el terreno, allí echaba mi preciosa bellota. Luego, un poquito de aplastar los bordes de tierra de los bordes y sin agacharme siguiera, conseguía guardar mi tesoro, germen de vida. Si esto lo hacía en un terreno con un poco de inclinación Norte, mejor… O en la sombra que da a medio día cualquier árbol ya grande.

Otro sitio que creo estupendo aunque por lógica no puedo asegurarlo y que he utilizado mucho es debajo de una vieja boñiga de vaca… Esto es muy serio, menos risas. Resulta que guardan bien la humedad y espero que allí ningún animalito vaya a mirar qué hay… Quedaría muy agradecida si alguien no estuviese de acuerdo y se tomase la molestia de explicarme por qué no es buena idea…

Este otoño he empezado a seguir los cursos de agua. O de humedad. Todo lo que baja del monte después de pasar por las acequias de riego llega al arroyo que lo reconduce nuevamente hacia el río Alberche. Pues sí, he empezado a seguir estas estupendas correntías, fantásticos riachuelos o simplemente los terrenos húmedos para ir diseminando por allí mis semillas. Más cerca de la humedad, las de fresnos, un poco más lejos, robles y arces de Montpellier y ya un poquito alejadas, las encinas o almendras. Como el terreno está húmedo también utilizo un bastón de los de marcha para hacer un agujero lo más horizontal posible en el terreno, si no encuentro piedras que levantar o boñigas que asaltar.

Mi vicio es que no puedo evitarlo, no puedo parar mientras encuentro semillas. Pido a amigos y familiares que me ayudan en ello con ilusión. Hasta como con cuidado las granadas para no dañar su pequeña semilla. Luego, lavarla y echarlas a voleo en el sitio elegido. Pero los granados, que salen, sí salen, ¡crecen muy despacio!

Y en verano, güitos de cereza, ciruela y albaricoque. ¡Que no pare la alegría de ver salir árboles en mi entorno!

     ***

Aparte de plantar árboles, Nuria también pinta, y dibuja, y hace grabados. Estas son algunas de la imágenes que se pueden ver en su página web:

https://www.nuriaruizvernacci.com/

Nuria 2

image

image grabado ave

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