Ecología y decencia: Cuando no había cubos de basura.

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Ayer, al plantar un castaño me salió entre la tierra negra un trozo minúsculo de cerámica blanca y azul, como acostumbran a ser por aquí. Era como una uña de grande. Me gusta sacarlos y metérmelos en un bolsillo para que al final acaben en una citarilla olvidados o en un cajón de sastre. Algunas veces, cuando ando más cuerdo, los incrusto en una grieta de una pared para no cargar con ellos inútilmente. Si los hubiese juntado todos durante los ocho años que llevo en el campo, me sorprendería de los que llevo vistos. Así que, con el paso del tiempo, de la tierra cada vez afloran restos más pequeños, menos llamativos.

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A lo largo del Barranco de Las Cinco Villas, da lo mismo dónde fijes la mirada: Siempre verás signos de la actividad humana. Cuando interpretamos el paisaje, atisbamos los usos del terreno o la etnografía de la que participaban nuestros antepasados. A veces, incluso, somos capaces de retroceder en el tiempo más allá de adonde alcanza la tradición oral. Una majada, un corral, una pared, una regadera, un molino, los restos de escoria,…Y lo que ahora es historia cubierta de maleza, algún día compuso el día a día de las gentes que nos precedieron. La causa del sudor de su frente, la ganancia de su pan. También nosotros, poco a poco y con la cadencia de los días, vamos aportando señas inequívocas de nuestro paso por este pedacito de tierra.

A pesar de todo (e incluso gracias a ello, podríamos decir sin dudarlo) El Barranco es un lugar bonito. Y estaréis de acuerdo en que podríamos llamarlo Naturaleza. Transformada, sí, pero Naturaleza al fin y al cabo. Olivares, castañares, viñas, prados, ríos,…de donde no han rehuido animales ni plantas.

Y volviendo a la cerámica. Esos trozos son los platos rotos de las casas, las jarras, los pucheros, los botijos o las ánforas. Cuando se rompía algo lo tiraban a la cuadra. Y, de la mano del estiércol, venía a parar al huerto de donde ahora yo lo he sacado. Poco más que esos restos era la basura de un hogar hasta hace poco tiempo ¿Cuánto? ¿60 años?. Ya en los años 70 asomaron la cabeza los plásticos, y se nombró una persona encargada de las basuras en el pueblo ¿Y ahora? ¿Qué “demonios” hacemos que todos los días llevamos una bolsa al contenedor? ¿Qué estamos haciendo mal? Desde luego que quienes nos sucedan encontrarán más plásticos que cerámica entre la tierra fértil.

Pensemos qué reguero queremos dejar tras nuestro paso por este pedacito de tierra. Si el de un atajo de plásticos o el de una pieza minúscula más del rompecabezas de la historia. Dirá mucho de nosotros.

Pablo Marín Martín

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