Debemos apostar por las castañas de calidad

Publicado por

Pablo Marín Martín

En los valles donde el clima permite el desarrollo de los castaños, el hombre ha domesticado y favorecido a éstos entre el resto de especies del bosque mixto, con objeto de poder contar con un recurso alimenticio para personas y animales: su fruto. El manejo constante del bosque logró poco a poco obtener zonas exclusivas de castaños. Tal es el caso de parajes como “los Mondaeros” o “los Rebollares” en mi pueblo, cuya toponimia alude al roble, pero en donde desde hace décadas o siglos no existe ni un solo Quercus en estos enclaves; tan solo castaños.

Podemos llamar a la transformación de un monte en masas puras de castaños “selección interespecífica”. Las Ordenanzas de la Villa y Tierra de Mombeltrán del año 1613 son un ejemplo perfecto de esta domesticación del monte y del valor que tenían los castaños para los vecinos. Pero no acaba aquí la capacidad de modificar el entorno por parte del hombre: le sigue la “selección intraespecífica”, es decir, promover a determinados castaños por encima del resto. Esto se logra mediante la técnica del injerto. El injerto permite clonar un castaño silvestre, y consiste, a grandes rasgos, en colocar yemas del castaño de interés sobre otro castaño que actúa de portainjertos. Si el injerto es exitoso, la yema del castaño de interés suelda con los tejidos del castaño portainjerto. Esta yema se prioriza frente al resto de yemas para, así, acabar desarrollando sobre el portainjertos un castaño idéntico en términos genéticos al castaño donante de la yema. ¿Qué logramos con esto, lectores de Voces? Pues replicar cuantas veces queramos una variedad de castaño. Con el injerto se logra seleccionar aquellos árboles de entre los silvestres que den castañas que se pelen mejor, sean más dulces, más lustrosas o de mayor calibre. También se eligen aquellos árboles más productivos. A cada una de estas variedades seleccionadas se les asignaba un nombre para poder reconocerlas. Siglos de selección han llevado a que cada pueblo del Valle del Tiétar cuente con un acervo genético propio de variedades de castañas injertas. Uno de entre tantos saberes no escritos que andan en la cuerda floja en el presente. Hay algunas variedades que se han extendido y llevado de acá para allá; que se han popularizado por pueblos, valles y comarcas, dadas sus extraordinarias cualidades.

En Cuevas del Valle se conservan desde antiguo tres clases o variedades injertas de castañas: la Negra Temprana, la Galla y la Injerta Tardía. Existe otra docena de variedades injertas de aparición más reciente (bien por selección local o porque se trajo al pueblo desde otra comarca). De estas 12 casi ninguna lleva más de 150 años en el municipio. Alguna quizás se aproxime a los 200. A partir de los datos del Catastro de Ensenada de mediados del siglo XVIII he podido deducir que la producción de castañas en Cuevas del Valle no alcanzaba los 80.000 kg (traduciendo a volumen la unidad de medida de la época para las castañas (fanega) y, a su vez, calculando la densidad de las castañas y el espacio vacío de un recipiente lleno de castañas para obtener los kilos). Los datos del catastro hay que tomarlos con prudencia, ya que era una estadística recaudatoria y pueden ser menores a los reales. Pero lo que está claro es que durante la primera mitad del siglo XX, el cultivo del castaño se disparó por ser un producto vendible a gran escala. Y se disparó más aún cuando pasaron los años duros de posguerra y muchas de las tierras de siembra se transformaron en castañares. El pico de producción se debió de alcanzar hacia 1970. La aparición de nuevas clases de castañas injertas responde a un afán de mejora en un cultivo que estaba en su apogeo.

Pero en la década de los 70 llegó una enfermedad que puso en jaque los prolíficos castañares injertos del pueblo: la tinta del castaño, un hongo que ataca y pudre la raíz. La enfermedad remontó los ríos desde el fondo de valle arrasando a su paso los castañares. Un pueblo de menos de 1000 habitantes que recogía por esos años más de un millón de kilos de castañas pasó en poco más de 40 años a no sobrepasar casi nunca los 100.000 kg. La tinta fue un varapalo económico para las familias. Desoladora era también la estampa de los esqueletos de lo que hasta hace nada fueron unos castañares frondosos y sanos. El paisaje cambió. Muchas fincas se abandonaron, otras se reconvirtieron en higuerales y en muchas se insistió y se insiste en seguir plantando castaños, aunque el hongo se haya vuelto endémico del suelo y siga ocasionando marras en las plantaciones.

En este contexto de convivencia obligada con el hongo patógeno la mortalidad de ejemplares es muy elevada. Y es en este momento (tras una introducción necesaria) cuando llegamos al grueso de este artículo: la muerte de los castaños supone una seria amenaza para nuestro acervo genético. Una reducción poblacional acarrea un cuello de botella en el que la diversidad genética se reduce forzosamente. Las variedades que con tanto acierto seleccionaron y popularizaron nuestros ancestros están en grave riesgo de desaparecer. Los estudios desarrollados en el siglo pasado para intentar generar plantas de castaño inmunes a la tinta generaron plantas con diferentes niveles de resistencia al patógeno. Estas plantas se consiguieron por hibridación entre castaño europeo y castaño asiático. Algunos de estos clones, como así se llaman, producían frutos de gran calibre y muy precoces en la maduración, adelantándose incluso 15-20 días a las variedades autóctonas más tempranas. El buen tamaño, su vistosidad y su precocidad en caer al suelo hacen de estas castañas un recurso económico nada despreciable. Se venden a mejores precios que las autóctonas porque tienen más tamaño y son más tempranas, evitando las aglomeraciones de oferta de castaña en el mercado. A mi modo de ver, el agricultor no debería jugarse todo a la carta de las castañas híbridas tempranas. ¿Por qué?. Voy a enumerar las razones:

  1. La primera razón: ¿qué vendemos?. Pues cuando hablamos de la castaña híbrida lo que vendemos es mediocridad. Mucha presencia, pero escasa calidad organoléptica.
  2. Las variedades autóctonas presentan mejores aptitudes en cuanto a sabor. Por ejemplo: si un día una cooperativa decide iniciar un proyecto de transformación de castañas, ¿qué castaña empleará? Desde luego la híbrida no. En el municipio de Casillas se elaboraron durante un tiempo castañas en almíbar con la variedad injerta de allí, cuyas características son inmejorables (castaña dulce). ¿Pero de qué materia prima tiraríamos si antes nos hemos dejado perder todas nuestras variedades?
  3. Si seguimos poniendo todos los castañeros solo castaños tempranos habrá un momento en que el mercado pueda saturarse. En ese caso los precios caerían. De hecho, las diferencias entre los precios de septiembre y los de noviembre está tendiendo a igualarse cada vez más con los años poe este motivo y porque la demanda aumenta con el tiempo frío.
  4. La castaña temprana no presenta condiciones idóneas para su almacenamiento en frío. Es muy perecedera, de manera que solo interesa producir la que se pueda vender al día. En una comarca del norte de Portugal donde cogen de 6 a 9 millones de kilos de castañas al año nos lo dejaron claro: “si produjéramos solo castaña híbrida temprana fracasaríamos estrepitosamente a causa del volumen de producción y su escasa calidad”. Hay que apostar por variedades de calidad.
  5. Con el cambio climático, los septiembres son cada vez más cálidos. ¿Cuándo apetece comerse unas castañas asadas? ¿En septiembre o en noviembre?

La amenaza de una desaparición anunciada pero silenciosa recae sobre las clases de castaña de mi pueblo. Mientras pueda, intentaré evitarlo.

La variedad Riñonera estuvo al borde de desaparecer hace dos años. El último castaño sano enfermó y murió. Por suerte yo me había llevado ramas para injertar, cuando aún estaba bien de salud. Los injertos tiraron, y ya llevo dos años sacando unas 15-20 plantas riñoneras del vivero. Pero aún queda mucho trabajo por hacer: otras cuatro variedades están en peligro crítico.

Actualmente, gracias al apoyo de la Universidad de Cáceres y el Campus de Plasencia estoy recopilando muestras (hojas) de cada variedad para llevar a cabo un análisis genético, el cual va a complementar muy bien a la parte de descripción de variedades y de sabiduría popular. Los trabajos genéticos de laboratorio se realizarán en la Universidad de Córdoba.

Variedad de Blas, otra en peligro de desaparecer.

Variedad Mantequera, la castaña emblemática del pueblo.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s