La borja de La Rubía, en Cuevas del Valle

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En las Navidades de 1935, un ciclo de borrascas que parecía no tener fin trajo consigo unas lluvias torrenciales históricas en La Sierra de Gredos. Hasta hoy nos llega el recuerdo de aquello: “Tormentas en Nochebuena”, mencionan aún con asombro quienes lo vivieron. La gente permanecía impotente y lloraba viendo cómo un “ventregón” de agua tras otro, (como llamamos aquí a los golpes de lluvia fuerte) inundaban los portales de sus casas.

En San Esteban del Valle, el reventón de una bolsa de agua subterránea por encima del pueblo y la consecuente riada se cobró la vida de varios vecinos. Sus cuerpos aparecieron unos kilómetros río abajo a causa de la brutal fuerza de la corriente. El eco llegó a los medios de comunicación de entonces. Pueden consultar una crónica del periódico ABC del 27/12/1935.

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1935/12/27/028.html

Estas vejigas de agua del subsuelo, se conocen como “borjas” en los pueblos del Valle del Tiétar. Me voy a centrar en contar una que ocurrió durante el mismo temporal de 1935 en Cuevas del Valle. En este caso, la borja de Fuente Fría, en el conocido paraje de La Rubía, no causó daños a personas, pero sí modificó el aspecto de la sierra, y seguramente dio origen al topónimo Arroyo de Barrancón. La fuerza de la riada se canalizó por este cauce, ahondándolo y descarnando el suelo fértil hasta la misma roca viva.

Yo no supe de este suceso hasta que hablé con mi tío abuelo hace poco tiempo. Él y mi abuelo fueron cabreros en los años 50. Mi tío me comentó que una borja en La Rubía movió una roca del tamaño de una casa. Me llamó tanto la atención, que me puse a investigar. Al observar el relieve y las curvas de nivel, enseguida supe el lugar. Reconozco que de no ser por mi tío, nunca hubiera adivinado que aquella forma caprichosa en la ladera respondía a un evento extraordinario de este tipo.

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Curvas de nivel: Se aprecia muy bien la zona de acumulación de sedimentos, donde las curvas se disponen de manera distinta a la tendencia general.

El evento lo feché hablando con otro tío abuelo. A la pregunta de “cuándo ocurrió aquella borja”, mi tío dijo que “a saber, hace mucho”. Cuando le insistí y le dije que si antes de que él naciera en 1929, se quedó pensativo un rato y expresó con ahínco que “tuvo que ser en las lluvias torrenciales del año 35”. Si aunamos el suceso de La Rubía al trágico desenlace ocurrido en San Esteban, se hace evidente la excepcionalidad de este temporal.

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Panorámica de la sierra de Cuevas desde las afueras de Mombeltrán. Foto de Otto Wunderlich (años 20).

Me fue imposible encontrar fotos donde se viera con nitidez la sierra antes de 1935. Pero sí encontré otras donde se veía perfectamente el desgarro de la ladera como consecuencia de la borja.

foto 2
Imagen de los años 50. Se observa perfectamente la zona descarnada por la borja. (Foro de fotografías antiguas de La Villa de Mombeltrán)

A través de los fotogramas aéreos de Los Vuelos Americanos de 1945-46 y 1956-57 pude ubicar el sitio con exactitud.

Fotograma de 1946 de la parte baja de la borja. Canal erosivo y zona de acumulación (sin pinos):

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Invierno de 1946. La nieve cuaja con facilidad sobre el canal erosivo arenoso:

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Para calcular el volumen de tierra movilizado, corregí las curvas de nivel al estado anterior a la borja, siguiendo un criterio lógico. Cuando dispuse de las curvas de nivel “preborja” y “postborja”, calculé los modelos digitales de elevaciones (MDE) a partir de éstas. Si se hace la resta ”MDE postborja- MDE preborja” se obtiene la variación de altitud entre ambos modelos digitales como consecuencia del desprendimiento. Esa diferencia va a indicar aquellas zonas que han perdido altitud (zona del desgarro de la ladera) o que han ganado (zonas de acumulación del sedimento movilizado).

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Imagen en 3D de la borja. Se observa la cabecera (zona de desgarro) y la cola (zona de acumulación). Los tonos rosas indican pérdidas de altitud de unos 15 m, y los marrones, acumulaciones de hasta 17 m.

Antes de tener los datos definitivos, era esperable que el volumen total desprendido de la ladera fuese mayor al volumen acumulado, ya que parte de la tierra acaba en el arroyo y se pierde aguas abajo por erosión y escorrentía superficial. En cambio, para mi sorpresa, el volumen de sedimento acumulado era el doble que el del sedimento desgarrado (311.751 m3 frente a 150.875 m3). Esto nos está diciendo que la borja de 1935 no fue la primera que sufría la ladera. Quizás tampoco la última.

Nunca deberíamos olvidar de lo que es capaz la fuerza de la Naturaleza.

Pablo Marín Martín

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