Cuento de hadas

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Lena Pettersson

He vuelto a echar una mirada al borrador del actualizado Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que se presentó hace poco. Con este plan se pretende reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 43% para el año 2030, respecto al 1990, principalmente con el aumento de la energía renovable (sobre todo fotovoltaica y eólica), que se espera llegará a generar el 81% de la electricidad, y casi la mitad del uso final de la energía.

Además de una reducción de emisiones se supone que esta transición energética debe ser una «transición justa, compatible con la biodiversidad» y llevar a:

una mayor autosuficiencia y eficiencia energética

el desarrollo del medio rural y la mejora de la salud de las personas y del medio ambiente

una mayor justicia social

transporte sostenible

la creación de empleo sostenible

la reducción de la presión del sistema sobre los recursos naturales

…y otras cosas que suenan muy bonitas.

Es como un cuento de hadas.

Vamos hacia un lugar luminoso, pero eso sí, por la senda del crecimiento económico, que se considera imprescindible y no se cuestiona en ningún momento. Ah, y también está el habitual deseo de ser «líderes», por eso el objetivo del «posicionamiento de liderazgo del país en las energías y tecnologías renovables que dominarán la próxima década «.

La llamada «transición ecológica» proporciona «oportunidades«, y se constata con orgullo que «España es el 8º país del mundo con mayor atractivo inversor en energías renovables» según un informe elaborado por Ernest & Young.

¿Oportunidades para quiénes?

Y los impactos negativos, ¿para quiénes?

Leyendo estos documentos oficiales, con sus buenos deseos, sus porcentajes y su «pensamiento mágico» le crea en una la sensación de irrealidad, de que todo está flotando y que no hay donde agarrarse. Porque la realidad como se pinta aquí no concuerda con lo que leo, veo, oigo y vivo.

Una persona que no presenta cuentos de hadas, sino razonamientos basados en datos y en un pensamiento honesto e independiente, es Antonio Turiel. En su «Carta abierta a los responsables políticos de la Transición Ecológica, tanto en España como en Europa» (de 2021, pero sigue de plena actualidad) pregunta a los políticos si tienen algún Plan B para la Transición Energética, dados los problemas que atañan al plan actual, y que Turiel resume de esta manera:

1.- Es conocido que se necesita una gran cantidad de materiales críticos para el gran despliegue de los sistemas energéticos renovables que se pretende hacer, y también se sabe que no hay suficiente para permitir ese despliegue a escala mundial.

2.- Incluso asumiendo que España consiguiera asegurarse suficientes materiales para hacer «su» transición, ¿es una buena apuesta a largo plazo, teniendo en cuenta de aquí 20-30 años las nuevas instalaciones renovables acabarán su vida útil y entonces será imposible reemplazarlas?

3.- La instalación de los sistemas renovables es posible consumiendo grandes cantidades de combustibles fósiles, tanto en la extracción de materiales, su elaboración, el transporte, la instalación, el mantenimiento, etc. No se instalan parques renovables usando energía renovable; quizá hacer eso ni siquiera es posible.

4.- El nuevo modelo pretende substituir los combustibles fósiles por electricidad renovable, pero los combustibles fósiles mayoritariamente no se usan de manera eléctrica. Aquí hay un salto al vacío tecnológico enorme, teniendo en cuenta que 1) en España tenemos ya mucha más capacidad instalada de la estrictamente necesaria para garantizar el consumo; 2) en los países avanzados, la electricidad representa poco más del 20% del consumo de energía final y electrificar ese casi 80% restante parece difícil; 3) el consumo de electricidad cae en España desde 2008. ¿No tendría sentido que se concentran los esfuerzos en ver cómo aprovechar la electricidad, más que en producir más? ¿O quizá mirar cómo producir con renovables otras formas de energía que no sean electricidad?

5.- Para intentar cubrir con renovables ese casi 80% de la energía final actualmente no eléctrico actualmente, la gran apuesta es utilizar el hidrógeno producido a partir de electricidad renovable, o hidrógeno verde. El hidrógeno, sin embargo, no es la panacea y sus problemas originales no han sido resueltos.

6.- Dado que el hidrógeno que se puede producir domésticamente no puede cubrir nuestras necesidades, ¿de dónde lo vamos a sacar? ¿Vamos a intentar explotar la producción de otros países, típicamente de África? (Aquí habla de la explotación colonial, que existe a muchas escalas, también como «Colonialismo energético del centro contra la periferia, dentro de nuestro país».

En absoluto duda Turiel de la necesidad de una transición; la cuestión es qué transición, y cómo hacerla.

Termina su artículo así:

7.- Por todo lo expuesto más arriba, me resulta evidente que nos hacen falta modelos alternativos para el aprovechamiento de la energía renovable, modelos mucho más locales y eficientes que garanticen la riqueza del país. El caso es que existen, pero no se debaten, no se contemplan. ¿No creen que se debería invertir, si cabe un pequeño esfuerzo, en ver cuánto podrían dar de sí?

A principios del siglo XX, proliferaban en Cataluña las colonias textiles. Se aprovechaba la fuerza hidráulica de los ríos para producir algo de electricidad de consumo local, y la fuerza mecánica del agua servía en muchos casos para accionar directamente los telares, con un rendimiento mucho mejor que poner un generador eléctrico en un extremo y un motor eléctrico en el otro. Con este sistema se mantuvieron también fundiciones y otras industrias; en todos los casos, aprovechando la energía de manera más eficiente que si se usase electricidad y, lo que es más importante, generado riqueza y empleo localmente. La energía mecánica no es como los electrones o el hidrógeno: no se puede exportar a grandes distancias. La energía de aquí se queda aquí.

Con todo el conocimiento y desarrollo técnico del último siglo, podríamos hacer eso mismo y mucho mejor. Aprovechando el Sol directamente para calentar, fundir, transformar. Aprovechando la fuerza mecánica del agua y del viento para mover, trabajar, forjar. Aprovechando las plantas, cultivadas y silvestres, herbáceas y árboles, para obtener reactivos y materiales. Produciendo también algo de electricidad para cuando fuera necesario, pero sin obsesionarse con producir solo electricidad. Produciendo también algo de hidrógeno para cuando fuera necesario, pero sin obsesionarse con mantener una ingente flota de camiones y maquinaria pesada con él. Siendo más eficientes. Alcanzando un mejor equilibrio con la naturaleza, disminuyendo nuestro impacto ambiental, adaptándonos a los ritmos del planeta, dependiendo lo justo de materiales que llegan de lejos, con instalaciones a una dimensión más humana y más fáciles de reparar y mantener, creando riqueza y empleo localmente, descarbonizando plenamente nuestra actividad.

¿Por qué no?

Repito.

¿Por qué no? 

 ¿Qué sentido tiene que esto ni se considere, ni se analice, ni se estudie siquiera someramente? ¿Qué sentido tiene que nos empeñemos en un modelo megalomaníaco, tremendamente destructivo y contaminante que, encima, ni siquiera es posible, cuando podríamos tener una alternativa mucho más razonable que ni nos dignamos en estudiar?

¿Por qué no?

¿Por qué nos vamos a condenar a un modelo insostenible e imposible que va a fracasar, cuando puede haber una alternativa viable y mucho menos costosa? Seguro que habrá muchas dificultades, pero la mayor ahora mismo es ni siquiera comenzar a trabajar sobre esta posibilidad

Yo les pregunto, y les preguntaré una y otra vez: 

¿Por qué no?

https://crashoil.blogspot.com/2021/05/algunas-preguntas-incomodas.html

Por supuesto, recomiendo leer todo el artículo de Turiel, igual que todos los que publica en su estupendo blog, que es de lo más instructivo que se puede encontrar en estos temas.

Paul Klee, «Märchen» (Cuento), 1929

Un comentario

  1. Hola Lena.

    La clave sobre la que pivotarían todos los cambios necesarios para no continuar en la senda suicida de este sistema capitalista en el que estamos inmersos, está en decrecer. Pero eso no interesa porque hay que seguir alimentando a “la bestia”.

    No me queda claro que la energía que utilzaba la industria textil en Cataluña no fuera la eléctrica, derivada de la fuerza motriz del agua. Y así, la energía mecánica del agua se transformaba en energía eléctrica.

    El problema es también que vivimos en esa parte del mundo con acceso a todos los servicios, pero somos una minoría. Hay muchos aún que no tienen acceso al agua de calidad, a la energía, a la sanidad o la educación, por poner algunos ejemplos. Y ni siquiera viven con paz.

    Bueno, gracias por tus artículos

    Pilar

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