Luis González
En la Conferencia de las Partes (COP21), celebrada en París en diciembre de 2015, se alcanzó un acuerdo para combatir el cambio climático e impulsar medidas e inversiones para un futuro bajo en emisiones de carbono, resiliente y sostenible. El objetivo del acuerdo fue el de mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de los 2 ºC, e impulsar los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura por debajo de 1,5 ºC sobre los niveles preindustriales.
Considerando que el límite de los 1,5 ºC es el límite más seguro frente a los peores impactos del cambio climático, se asumió en consecuencia el compromiso y la necesidad de reducir, lo antes posible, las emisiones de CO2. En palabras de Christiana Figueres (@CFigueres) Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC):
“Estoy segura de que varias generaciones recordarán el 12 de diciembre de 2015 como la fecha en la que la cooperación, la visión, la responsabilidad, una humanidad compartida y la preocupación por nuestro mundo ocuparon el centro de la escena, confirmando que en el marco de la ONU, con creatividad y voluntad política, se puede hacer mucho bien”
Christiana Figueres: Acto de clausura de la COP21 en París
A día de hoy, ocho años más tarde, Christiana Figueres clama en sus redes sociales contra la inacción de los gobiernos. Porque en lugar de aceptar que, para respetar el compromiso adquirido, la tarea que tenemos por delante es, básicamente, establecer la agenda y los mecanismos para reducir el consumo de combustibles fósiles y consecuentemente las emisiones de GEI, todos los países, sus corporaciones y sus industrias contaminantes se hacen la siguiente pregunta: Entonces, ¿queda tiempo? ¿cuánto carbono podemos emitir TODAVÍA?
La suposición de que existe una relación prácticamente lineal entre el aumento de la temperatura global del planeta y las emisiones acumuladas de GEI alienta el cálculo del margen que queda para retrasar todo lo posible las medidas, dolorosas pero necesarias, de reformular la economía. Si desde el período preindustrial hasta 2015 se han emitido aproximadamente 2.050 GtCO2 la pregunta que se hacen las naciones es: “¿Podemos aguantar un poco más? ¿Cuánto?
A partir de aquí se plantean diversos escenarios, en función de los hitos de reducción en fechas significadas, por ejemplo, ¿cuánto se debería reducir en 2035, 2040 o 2050? Los cálculos que se presentan, hechos a partir de suposiciones escasamente justificadas y grandes cantidades de ilusiones y pensamiento mágico, difieren enormemente entre si (ver siguiente tabla)

Todas las estimaciones, que presentan un capital restante de contaminación entre 800 y 1000 gigatoneladas (GtCO2), admiten una baja probabilidad, típicamente en torno al 50-60%, de cumplimiento del objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 ºC o 2,0 ºC. Todas las estimaciones, además, pecan al subestimar las interacciones y realimentaciones entre distintos fenómenos vinculados al calentamiento global.
Pero lo que se trasluce tras el concepto de “presupuesto de carbono” es la intención de seguir contaminando mientras se pueda, aplazar y retrasar todo lo posible la toma de decisiones. Así, para hacer frente al hecho ineludible del calentamiento global, se recurre a un truco contable para demorar la acción.
Pero los escenarios de reducción que se abren, claramente expuestos en el sexto informe del IPCC, son cada vez más exigentes, cada vez más inviables, cuanto más se retrasa la acción correctora.

Si hubiésemos iniciado la acción climática en 2016, al año siguiente de la COP21, reduciendo unas 2 GtCO2 anuales, podríamos haber alcanzado el nivel de cero emisiones en 2045. Alternativamente, si retrasamos las políticas activas hasta 2025, nos veremos obligados a reducir las emisiones a un ritmo de 5,3 GtCO2 al año, un escenario mucho más traumático y cuyo cumplimiento es muy dudoso.
En resumen, hay que aceptar que no hay tiempo, que la acción climática es urgente y que los trucos contables, como el presupuesto de carbono sólo sirven para retrasar la toma de medidas. El tiempo apremia.